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Ni con balas ni con hambre

“No matarás, ni con hambre ni con balas” decía una banderola que la limeña parroquia de El Agustino paseaba por las calles de este distrito en sus marchas por la paz en tiempos de la violencia terrorista. La comunidad parroquial era firme en su condena de la violencia, en su defensa de la vida y de la integridad humana por encima de cualquier discusión ideológica. Pero, con esa perspectiva que solo da una reflexión profunda, también era consciente de que el país no solo luchaba contra el terrorismo, sino también contra las injusticias estructurales que provocaban hambre, destrucción y muerte, y que, precisamente por ello, eran el mejor caldo de cultivo para el surgimiento de ideologías violentistas.

Me parece importante recordar esto hoy que, cuando los condenados por terrorismo comienzan a ser liberados tras cumplir sus penas, la discusión mediática sobre el tema tiende a adquirir una ligereza alarmante. Y es que el análisis del proyecto terrorista, de sus absurdos y degeneraciones, se ve frecuentemente opacado por debates sobre aspectos superficiales de la vida de los cabecillas terroristas, no sin una buena dosis de morbo y espectáculo. Como si para un buen sector de la prensa la lucha contra el terrorismo se redujera a un rechazo sensiblero e irreflexivo del accionar terrorista, para lo cual una discusión a fondo sobre los porqués del terrorismo y, con ello, sobre la irracionalidad de éste resultara accesoria.

Ante esta tendencia, creo que los cristianos seguimos estando invitados a ofrecer una palabra firme contra toda forma de violencia. Es más, quizá lo que podamos decir nunca será suficiente para asegurar una paz definitiva, con lo cual siempre será necesario repetir nuestras convicciones. Pero para que nuestra palabra sea eficaz y tenga efecto, sobre todo entre las nuevas generaciones, no podemos dejar de plantear una reflexión sobre los problemas de nuestro país en su integralidad. Y eso implica estar dispuestos a ir más allá del sensacionalismo y la pura emotividad.

P. Deyvi Astudillo, SJ
Oficina de Comunicaciones – Jesuitas del Perú
Publicado en el diario La República (17/09/17)

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